Y quizá tú también.
Hay días en los que brillo completa, segura, luminosa.
Y otros en los que apenas soy un susurro, un hilito de luz buscando dirección.
Durante mucho tiempo pensé que eso era inestabilidad.
Hoy sé que es ciclicidad.
Y que en nosotras, las mujeres, la luna tiene una manera muy sutil de hablarnos.
Porque así como ella se transforma noche tras noche,
nosotras también nos movemos entre fases, matices, energías, deseos y silencios.
No somos lineales.
Somos marea.
Somos ritmo.
Somos universo en movimiento.
Y, aunque nadie nos lo enseñó,
nuestros cambios no son un problema… son una brújula.
La luna nueva nos invita a recogernos, a sembrar intenciones, a escucharnos bajito.
La creciente nos empuja hacia los sueños, nos despierta la creatividad.
La llena nos expande, nos vuelve magnéticas, sensibles, intensas.
La menguante nos pide soltar, limpiar, liberar lo que ya pesa.
Y si lo piensas…
¿no es así también nuestra alma?
Un constante vaivén entre introspección y expansión, entre fuerza y ternura, entre fuego y calma.
Cada fase lunar es un espejo.
Un recordatorio de que todo lo vivo cambia.
Y que nosotras no tenemos por qué sentirnos iguales todos los días.
Qué alivio saber que no estamos rotas.
Que lo que sentimos tiene nombre, ritmo, origen.
Que no estamos exagerando ni siendo “demasiado sensibles”.
Solo estamos siendo mujeres en nuestra naturaleza más profunda.
Cuando empezamos a conocer nuestros propios ciclos (los emocionales, los energéticos, los hormonales) algo hermoso ocurre:
dejamos de juzgarnos y empezamos a comprendernos.
De pronto entiendes por qué hay días en los que quieres crear y otros en los que solo quieres descansar.
Por qué a veces estás brillante y sociable,
y otras solo deseas silencio.
Por qué a veces te sientes poderosa
y otras necesitas recogerte en tu propia ternura.
Eso no es inestabilidad.
Eso es sabiduría ancestral.
Es tu cuerpo hablándote.
Es tu alma guiándote.
Es la luna susurrándote:
“Eres cíclica, y eso está bien.”
Reconocer nuestras fases es un acto de amor propio.
Un gesto de amistad con nosotras mismas.
Una forma de abrazar cada versión que aparece en el camino.
Y hoy quiero decirte esto como una amiga que te quiere bien, que te escucha y te entiende:
No te exijas ser siempre la misma.
Permítete ser como la luna: cambiante, mágica, profunda, bella en todas tus formas.
Porque cuando aprendes a honrar tus ciclos,
empiezas a honrar tu historia.
Y cuando aprendes a honrar tu historia,
empiezas a descubrir todo lo que puedes llegar a ser.
Así que si hoy estás brillante, permítete brillar.
Si estás suave, sé suave.
Si estás introspectiva, entra en tu cueva sagrada.
Si estás expansiva, abre tus alas.
Cada fase trae un regalo.
Y tú… tú eres un universo completo de posibilidades.
Deja que la luna te acompañe.
Y déjate acompañar por ti misma.
Con amor, con ternura, con paciencia.
Como lo haría una amiga que te abraza y te dice bajito:
“Estás bien.
Estás creciendo.
Y en cada fase… sigues siendo luz.”
